Los 350 escaños del Congreso se reparten provincia por provincia con el método D'Hondt, que divide los votos de cada candidatura entre 1, 2, 3... hasta completar los diputados de esa circunscripción. Antes de aplicar la fórmula, cada candidatura debe superar el 3 % de los votos válidos en su provincia. Como cada provincia elige un número distinto de diputados, el peso de cada voto varía según dónde se emita.
La circunscripción para elegir diputados es la provincia, con la excepción de Ceuta y Melilla, que votan como ciudades autónomas. El artículo 162 de la LOREG fija 350 diputados en total: cada provincia recibe un mínimo inicial de dos, Ceuta y Melilla eligen uno cada una, y los 248 escaños restantes se reparten entre el resto de provincias en proporción a su población de derecho. Este diseño produce diferencias grandes: en las últimas generales, Soria eligió solo 2 diputados y Madrid, 37. La próxima vez que se aplique este sistema será en las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026; el decreto de convocatoria, que debe fijar cuántos diputados corresponden a cada provincia en esta cita concreta, estaba previsto publicarse en el BOE el 6 de octubre de 2026.
Según el artículo 163.1.a de la LOREG, no se tiene en cuenta a las candidaturas que no alcancen al menos el 3 % de los votos válidos emitidos en la circunscripción. Ese umbral se calcula provincia por provincia, no sobre el total nacional. En la práctica solo tiene efecto en las provincias que reparten muchos escaños, como Madrid o Barcelona; en el resto, el reparto ya excluye por sí solo a los partidos muy minoritarios antes de llegar a ese porcentaje. Esta regla solo se ha aplicado una vez, en 1993, cuando impidió la entrada del CDS al Congreso y su escaño pasó al PSOE.
Superado el filtro del 3 %, los votos de cada candidatura se dividen entre 1, 2, 3, 4... hasta un número igual al de escaños que reparte la provincia. Los escaños van a parar a los cocientes más altos de toda la tabla, de mayor a menor. La propia ley recoge un ejemplo con 480.000 votos válidos y ocho escaños en juego, repartidos entre seis candidaturas: A con 168.000 votos, B con 104.000, C con 72.000, D con 64.000, E con 40.000 y F con 32.000. Los ocho cocientes más altos resultan ser 168.000 (A entre 1), 104.000 (B entre 1), 84.000 (A entre 2), 72.000 (C entre 1), 64.000 (D entre 1), 56.000 (A entre 3), 52.000 (B entre 2) y 42.000 (A entre 4). El resultado: A obtiene 4 escaños, B obtiene 2, y C y D obtienen 1 cada una; E y F se quedan sin representación pese a sumar 72.000 votos entre las dos.
Como cada provincia tiene un número fijo y distinto de escaños, el número de votos necesario para conseguir uno varía de una provincia a otra. Un informe del Consejo de Estado, recogido en fuentes sobre legislación electoral, señala que este diseño perjudica especialmente a las formaciones con un apoyo de entre el 3 % y el 15 % a nivel nacional, porque ese voto queda dividido en 52 circunscripciones distintas en lugar de sumarse en una sola. Un ejemplo citado por un blog jurídico especializado: en las generales de 2011, UPyD logró 1.140.242 votos (un 4,69 % del total) y obtuvo solo 5 diputados, por tener el apoyo repartido en muchas provincias en vez de concentrado.
El voto en blanco es válido: se suma al total de votos válidos y entra en el cálculo del reparto de escaños, aunque no puede obtener representación por sí mismo. Al aumentar el total de votos válidos, puede dificultar que otras candidaturas alcancen el 3 % necesario en su provincia. El voto nulo, en cambio, no se considera válido y no influye en el reparto, igual que la abstención, que simplemente significa no acudir a votar. Aunque la abstención sea muy alta, los resultados obtenidos siguen siendo legítimos.
Fuentes especializadas en explicar la legislación electoral señalan que, si dos candidaturas empatan en un cociente, el escaño se adjudica a la que tenga más votos totales; si también empatan en votos, se decide por sorteo. En Ceuta y Melilla, donde solo hay un escaño en juego en cada ciudad, se proclama electo directamente el candidato más votado, sin necesidad de aplicar la fórmula D'Hondt.
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