
Un mes después de la crisis migratoria de Ceuta, el presidente Pedro Sánchez (socialista, partido de izquierda) rompió su silencio sin reconocer ningún fallo y defendiendo a Marruecos. Sus propios socios de gobierno, sindicatos e incluso compañeros del PSOE le critican duramente por no resolver la crisis y por no haber estado presente durante el caos.
En julio hubo una crisis migratoria grave en Ceuta (ciudad española en la costa de África): casi 80.000 inmigrantes cruzaron la frontera en pocos días. El presidente Sánchez se fue de vacaciones a Lanzarote durante todo agosto mientras sus aliados políticos le pedían que liderara la situación. Ahora, en septiembre, ha dado una entrevista explicando qué pasó, pero dice que Marruecos (el país vecino) no tuvo culpa, lo que enfada a todos: desde la oposición (PP, Vox) hasta sus propios compañeros del Gobierno (Sumar, Podemos) y sus socios parlamentarios que lo mantienen en el poder (ERC, Bildu, Junts). El CNI (Centro Nacional de Inteligencia, el servicio de espías del Gobierno) no tiene pruebas de que Marruecos orquestara la invasión, según Sánchez.
La crisis de Ceuta ha quedado sin resolver tras un mes. Ahora mismo lo que importa es que haya menos inmigrantes en la ciudad, que se mejore la atención a los que llegan, y que la frontera sea segura. Los ceutíes llevan semanas viviendo en tensión. Independientemente de quién tenga culpa (Marruecos, Rusia, Israel o el Gobierno español), la gente normal necesita que alguien maneje la situación. El conflicto político entre Sánchez y sus aliados no ayuda: debilita al Gobierno cuando más hace falta coordinación.