
Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno, ha subido a campaña con su esposa Begoña Gómez en un acto electoral. Lo ha hecho para mostrar que los ataques políticos y judiciales no les quiebran, y para animar a su partido a votar el 29 de noviembre.
Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno español, líder del PSOE (Partido Socialista Obrero Español, la formación de izquierda que gobierna). Su esposa, Begoña Gómez, está imputada por un juez en un proceso judicial sobre malversación y tráfico de influencias. El PSOE dice que esto es una persecución política de la derecha. Las elecciones son el 29 de noviembre, y las encuestas predicen que gana la derecha. Sánchez intentó cambiar la dinámica llevando a su esposa al acto de campaña de Fuenlabrada (Madrid), besándola en el escenario y diciendo públicamente que la quiere, para demostrar que siguen unidos y fuertes.
En términos reales, esta estrategia tiene dos efectos concretos. Primero, moviliza a los votantes del PSOE emotivamente antes de la votación. Segundo, los próximos meses serán complicados: el juicio contra Begoña Gómez seguirá en la prensa, y la investigación judicial no desaparece aunque le suban las manos en campaña. Para la gente normal: si el PSOE gana, Sánchez gobernará con este proceso abierto; si pierde, la derecha entrará en Moncloa con este conflicto sin resolver. De cualquier forma, la polarización política seguirá alta.