
Podemos ha pactado con ERC (un partido catalán independentista) para presentarse juntos a las elecciones del 29 de noviembre con Irene Montero e Íñigo Rufián como caras visibles. Pero Sumar, otra coalición de izquierda, quiere ir por su lado con Ada Colau. Los votantes progresistas piden que se unan, pero nadie cede.
La izquierda española está dividida en dos bandos. De un lado está el PSOE (el partido socialista, más moderado). Del otro, hay dos proyectos en competencia: Sumar es una coalición de varios partidos pequeños de izquierda (Izquierda Unida, Más Madrid, los Comuns) que ha elegido a Ada Colau como candidata principal. Podemos, otro partido de izquierda, no está en esa coalición y ha optado por pactar con ERC (Esquerra Republicana de Catalunya, que defiende la independencia de Cataluña) para ir juntos a las elecciones. El problema es que ambos proyectos reclaman ser la verdadera izquierda: Podemos dice que Sumar debería integrarse en su acuerdo, y Sumar insiste en que Podemos se una a ellos bajo el mando de Colau. Los votantes de izquierda piden que se unan de una vez, pero nadie quiere ceder la presidencia.
Esta fragmentación afecta directamente a los votantes progresistas: sus votos pueden desperdiciarse si los votos se reparten entre múltiples candidatos que no alcanzan escaños en zonas pequeñas. Las encuestas muestran que la mayoría de votantes de izquierda prefiere una izquierda unida, pero sus líderes no logran ponerse de acuerdo en quién manda. Es probable que varias fuerzas de izquierda entren al Congreso con menos poder del que podrían tener juntas, debilitando su capacidad para negociar con el PSOE o formar gobierno después de las elecciones.