
La izquierda española intenta llegar a un acuerdo para presentar candidaturas conjuntas en las elecciones del 29 de noviembre, pero las negociaciones están estancadas. Ada Colau, que lidera una coalición de partidos de izquierda, incluso ha ofrecido dejar de ser candidata a presidenta si eso ayuda a la unión, pero Podemos rechaza el acuerdo y prefiere mantener a Irene Montero como su cara visible.
En España hay elecciones generales el 29 de noviembre. La izquierda está fragmentada en varios partidos: Podemos (un partido de izquierda radical que surgió hace años), el Frente Amplio (una coalición de cuatro partidos pequeños de izquierda: Izquierda Unida, Más Madrid, Movimiento Sumar y los Comunes de Ada Colau, que es la exalcaldesa de Barcelona), y otros partidos regionales de izquierda en territorios como Cataluña, Valencia, Aragón y Baleares. Cuando hay muchos partidos en el mismo lado político divididos, pierden votos frente a otros partidos más grandes. Por eso, desde hace semanas, todos estos grupos intentan negociar para presentar listas conjuntas en circunscripciones electorales concretas. El problema: no se ponen de acuerdo sobre quién lidera cada candidatura, especialmente en Madrid y Barcelona, las zonas que más poder tienen en el Congreso.
Lo que está pasando tiene consecuencias reales. Si la izquierda va dividida el 29 de noviembre, sus votos se dispersarán: algunos irán a Podemos, otros al Frente Amplio, otros a partidos regionales. Eso significa menos diputados para toda la izquierda junta y más fácil que la derecha gane escaños. En algunas regiones como Valencia, Aragón y Baleares sí parece que habrá candidaturas conjuntas, pero en Madrid y Barcelona, los dos lugares que más pesan en el Congreso, el acuerdo se ve imposible. El plazo para decidir vence este viernes a las 23:59 horas.