
Gabriel Rufián, un político de ERC (un partido independentista catalán), ha decidido presentarse a las elecciones del 29 de noviembre con su propio partido en lugar de unirse a una gran coalición de la izquierda. Esto rompe meses de negociaciones y deja a otros partidos de izquierda como Podemos sin saber si presentarse solos o aliarse con el Frente Amplio (la coalición que quedó en pie). El resultado: la izquierda está más dividida que nunca justo cuando menos tiempo queda para registrar candidaturas.
En España hay elecciones el 29 de noviembre. La izquierda española tiene varios partidos pequeños: ERC (partido independentista de Cataluña), Podemos (partido de izquierda radical), Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns (que son de Cataluña). Durante meses, estos partidos intentaron formar una sola candidatura grande, una especie de frente unido llamado Frente Amplio, bajo la marca de Sumar (una coalición electoral de partidos de izquierda no separatistas). Gabriel Rufián era el portavoz de ERC en el Parlamento español, es decir, el que hablaba en nombre del partido. Rufián llevaba meses diciendo que todos deberían unirse. Pero esta semana ha anunciado que ERC va solo con él como cabeza de lista, sin unirse al Frente Amplio. Eso ha dejado todo por los suelos porque, sin ERC, el Frente Amplio pierde fuerza, y Podemos está en el aire: ¿se une al Frente Amplio? ¿Se presenta solo? ¿Negocia algo con Rufián? Es un caos de última hora.
Para la gente normal, esto significa una izquierda debilitada en las elecciones del 29-N. Cada día que pasa sin acuerdo definitivo reduce las opciones de que estos partidos coordinen su voto y ganen escaños. El resultado práctico es que el voto de izquierda puede repartirse entre más candidaturas, lo que beneficia a la derecha. Además, en Cataluña, la confusión es total: no está claro quién compite contra quién ni qué alianzas de verdad existen. Los votantes que querían una izquierda fuerte y unida se encuentran con lo contrario.