
El expresidente Zapatero asegura que las joyas encontradas en su despacho (valoradas en 1,3 millones de euros) fueron un regalo del rey saudí Abdullah en 2007, cuando visitó España. Si es cierto, los delitos de fraude y contrabando que le imputan habrían prescrito hace años. El problema: no tiene pruebas y depende de que Arabia Saudí confirme la historia.
José Luis Rodríguez Zapatero fue presidente del Gobierno español entre 2004 y 2011. En mayo de 2024, la policía encontró 79 joyas en una caja fuerte de su despacho, valoradas en más de un millón de euros. Un juez de la Audiencia Nacional (el tribunal que juzga delitos graves) lo acusó de fraude fiscal y contrabando porque las joyas no tienen justificación legal: no hay facturas, no está claro de dónde vienen, y Zapatero nunca pagó impuestos por ellas. Ahora Zapatero dice que todo fue un regalo oficial que recibió hace 17 años, cuando el rey saudí Abdullah visitó La Moncloa. El problema jurídico clave: si eso fue en 2007, los delitos ya estarían caducados por el tiempo transcurrido. Pero sin pruebas, su versión vale poco.
En términos prácticos, este caso muestra cómo funciona la justicia penal en España: cuando se encuentran bienes valiosos sin justificación clara, puede haber investigación. Para Zapatero personalmente, su defensa busca echar el caso atrás demostrando que todo pasó hace casi 20 años. El juez tendrá que decidir si pide ayuda oficial a Arabia Saudí para confirmar la versión del expresidente. Si Arabia Saudí no responde o no colabora, será casi imposible que Zapatero pruebe su inocencia. Para la sociedad, el caso deja claro que ni siquiera los expresidentes pueden escapar de controles fiscales si algo levanta sospechas.