
Ucrania bombardeó una terminal petrolera rusa la noche del sábado, apenas horas después de que Trump y Putin acordaran que Rusia vendería más diésel al mundo para bajar precios. Es como si alguien te prometiera dejar de pelear y luego te pegara un puñetazo: muestra que la tregua no es de verdad.
Estamos en una guerra entre Rusia y Ucrania que lleva años. Trump es el presidente de Estados Unidos (un país poderoso que no quiere que Rusia gane). Putin es el presidente de Rusia. El sábado, Trump habló por teléfono con Putin y anunciaron un acuerdo: Rusia vendería más petróleo y diésel a los mercados mundiales para bajar los precios de la gasolina (Trump quiere bajar estos precios porque en EEUU la gente está enfadada por gastar mucho en gasolina, y hay elecciones en noviembre). Pero apenas unas horas después, Ucrania atacó una terminal petrolera importante en la región rusa de Rostov. También Rusia atacó la ciudad ucraniana de Zaporiyia, dejando civiles muertos y heridos.
Lo que pasó muestra que la guerra en Ucrania no se detiene con acuerdos comerciales. Para la gente normal: si bajan los precios de la gasolina en EEUU, es bueno para su bolsillo. Pero el conflicto sigue: Rusia sigue atacando ciudades ucranianas, Ucrania sigue atacando objetivos militares rusos, y los civiles de ambos lados siguen sufriendo bajas. Este acuerdo podría durar poco o mucho, pero por ahora no ha traído paz.