
Estados Unidos e Irán han llegado a un acuerdo para detener la guerra después de más de 100 días de combates. Trump consigue salir de un conflicto impopular, Irán espera que levanten las sanciones económicas, pero Israel rechaza el pacto y dice que seguirá con sus operaciones militares. Todo es frágil y podría caerse antes de firmarse.
Hace poco más de tres meses, Trump (presidente de Estados Unidos) lanzó una guerra contra Irán (país que controla la mitad este del Golfo Pérsico). Israel (país aliado de EE.UU. en Oriente Próximo) también participó. Ahora, ambos bandos están exhaustos y negociaron un alto el fuego. El acuerdo se firmará el próximo viernes en Suiza. El problema es que Israel no quiere firmar porque dice que aún tiene operaciones militares en Líbano y Gaza que no puede abandonar. Además, la negociación deja para más adelante temas importantes como el programa nuclear de Irán. Todo el mundo ve esto como un pacto de conveniencia: Trump necesitaba salir de una guerra impopular antes de las elecciones, e Irán necesita que levanten las sanciones que están destrozando su economía.
Para la gente normal, este acuerdo podría significar precios del petróleo más bajos si se reabre el Estrecho de Ormuz (la ruta por donde pasa el crudo). Las compañías de turismo y los bancos ya están apostando por que esto suceda. Pero el pacto es endeble: si Israel no respeta el alto el fuego o Irán intenta engañar sobre su programa nuclear, todo puede estallar de nuevo en pocas semanas. Lo cierto es que ninguno de los problemas reales está resuelto: las armas nucleares iraníes, las milicias que Irán entrena, la situación de Gaza. Es más un pausa que una paz verdadera.