
Pedro Sánchez compareció en el Congreso para explicar los casos de corrupción que rodean a su gobierno (desde un exministro condenado hasta investigaciones sobre su familia). Rechazó en redondo dimitir o convocar elecciones. Sus propios aliados le pidieron que se fuera, pero siguen sosteniéndolo porque no quieren nuevas elecciones. El presidente está más aislado que nunca.
Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno español (el jefe del Ejecutivo, como quien manda en el país). Su gobierno está sostenido en la práctica por partidos que no son los suyos: Junts (independentistas catalanes), ERC (también catalanes), el PNV (nacionalistas vascos) y otros. Lo que pasó es que un exministro suyo, José Luis Ábalos, fue condenado a 24 años de cárcel por corrupción hace poco. Además, hay investigaciones sobre otras personas de su entorno, incluso su esposa. Esto ha hecho que sus aliados le digan que debería dejar el cargo. Pero nadie quiere forzar una moción de censura (un voto para echar al gobierno) porque eso daría paso a nuevas elecciones, algo que la mayoría prefiere evitar ahora.
Lo que está claro es que el gobierno está paralizado. Apenas aprueba presupuestos, no saca leyes adelante. Los socios de Sánchez están hartos de la situación pero tampoco quieren forzar nuevas elecciones. Junts ha propuesto que Sánchez dimita y que otro socialista tome su lugar. El PP intenta presionar constantemente para que haya votaciones. Mientras, la gente ve un gobierno que no funciona bien y rodeado de problemas de corrupción. Sea cual sea la solución, está claro que algo tiene que cambiar en los próximos meses.