
Esta semana pasada salieron a la luz dos noticias incómodas para el gobierno español. Una sobre la libertad de un empresario que había delatado delitos, otra sobre corrupción de un ministro. El gobierno intentó que todos se enfadaran con la primera para que nadie viera la segunda. Pero la gente no es tonta.
En España hay un gobierno dirigido por Pedro Sánchez (el presidente actual, del partido socialista). La oposición está liderada por Alberto Feijóo (del Partido Popular, la derecha). Esta semana pasada, un empresario llamado Víctor de Aldama fue dejado en libertad por un juez, aunque había cometido delitos. Aldama era importante porque había ayudado a descubrir delitos de otros políticos. Casi al mismo tiempo, salió que José Luis Ábalos (un ministro del gobierno de Sánchez) estaba metido en un caso de corrupción. Cuando hay dos malas noticias a la vez, los gobiernos muchas veces intentan que la gente se enfade más por una para que olvide la otra.
Lo importante para la gente normal es sencillo: cuando un político roba o comete delitos, tiene que haber consecuencias. Da igual si es del gobierno o de la oposición. Esta noticia muestra que hay gente con poder que actúa como si las leyes no les afectaran. Eso es malo para todos porque el sistema de justicia pierde credibilidad y la gente deja de confiar en los políticos.