
El presidente Sánchez llega a la cumbre de la OTAN en Ankara sin ceder a la exigencia de Trump de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB. España ha pasado de invertir 11.172 millones de euros en 2018 a 35.419 en 2026, pero el Gobierno insiste en que eso es suficiente sin llegar al 5%. Trump lo ha llamado un socio «horrible» y está furioso, pero Sánchez plantará cara.
La cumbre de la OTAN en Ankara arranca este martes y miércoles. La OTAN es la alianza militar que agrupa a Estados Unidos y casi todos los países europeos para defenderse juntos. Trump (el presidente estadounidense) ha pedido que todos los aliados dediquen al menos el 5% de su dinero público anual (lo que en economía se llama PIB: Producto Interior Bruto) a gastos militares. El problema es que el Gobierno español, liderado por Sánchez, se niega: dice que eso es demasiado y que repartiría dinero que necesita para educación, sanidad y otros servicios. Sumar, el partido que gobierna en coalición con el PSOE, siempre ha rechazado aumentar el gasto militar para preservar inversión social. La tensión entre España y Trump también viene por la negativa española a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones estadounidenses relacionadas con el conflicto con Irán.
La reunión en Ankara llega en un momento delicado para la Alianza: Trump quiere respuestas, Europa busca evitar una reprimenda pública y España intenta defender su propia fórmula de gasto sin romper la unidad. En la práctica, esto significa que España podría enfrentar presión estadounidense en temas más allá de la defensa: acceso a bases militares, apoyo en conflictos externos, o ventajas comerciales podrían quedar en riesgo si Sánchez sigue sin plegar. Para la gente normal, el debate es este: ¿pagamos todos más impuestos para defensa, o mantenemos gastar en hospitales y escuelas? No hay respuesta fácil, pero lo que decida España esta semana afectará cómo la Unión Europea se posiciona frente a Estados Unidos.