
El Gobierno regularizó a casi 338.000 extranjeros, y el 55% tiene menos de 35 años. Esto ayuda porque España tiene cada vez menos gente joven trabajando y más jubilados. El dinero que pagan en impuestos y cotizaciones puede ayudar a pagar las pensiones.
En España hay un problema: envejecemos. Hay cada vez más abuelos y menos gente joven. El Gobierno (los políticos que mandan) hizo un proceso extraordinario: permitió que los extranjeros que trabajaban sin papeles se legalizaran, es decir, que salieran del mercado negro. Casi 338.000 personas lo hicieron. El Ministerio de Trabajo (el departamento que gestiona los empleos) ha visto que entre los regularizados hay muchos más jóvenes que entre el resto de trabajadores extranjeros. Esto es buena noticia porque esos jóvenes trabajan, pagan impuestos y contribuyen a la Seguridad Social (el sistema que da pensiones a los jubilados).
En la práctica, esto significa que casi 338.000 personas pasaron de trabajar sin derechos a tener contrato, seguro de salud y contribuir a pensiones. Los impuestos que pagan van directamente a la caja pública. Para la gente normal: habrá más dinero en el sistema de pensiones, menos trabajo ilegal que compite con salarios, y menos fraude. El efecto es concreto: más recaudación, menos envejecimiento ficticio del mercado laboral, y más personas pagando en lugar de cobrando.