
Pedro Sánchez viajó el sábado a Barcelona con su mujer, Begoña Gómez, a un concierto del festival Primavera Sound usando un avión oficial del Ejército del Aire (el Falcon). El viaje no aparecía en la agenda oficial, pero fue añadido después. Esto pasó mientras Begoña Gómez está siendo juzgada por corrupción. La crítica es que usó recursos públicos para un viaje privado.
Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno español (como el jefe del Ejecutivo). Su mujer, Begoña Gómez, es especialista en márketing con máster en Administración de Empresas. Está procesada por cuatro delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación de caudales públicos. Básicamente, se investiga si usó su conexión con el presidente para ganar dinero indebidamente. El viaje a Barcelona inicialmente no figuraba en su agenda oficial, por lo que sería privado, no laboral. Pero cuando se enteraron de que salía en los medios, lo añadieron a última hora como si fuera oficial. Usó un helicóptero (Super Puma) desde el palacio presidencial (la Moncloa) hasta la base militar de Torrejón, y luego el avión Falcon hasta Barcelona. El Falcon cuesta dinero de los impuestos.
Lo que molesta a muchos es que el viaje no figuraba inicialmente en la agenda oficial del presidente, lo que sugiere que fue pensado como privado pero se modificó. Para la gente de la calle, esto levanta sospechas: parece que alguien intentó ocultarlo y luego cambió de idea. Independientemente de la política, el hecho de que un viaje personal se añada a última hora a la agenda oficial de quien manda en el país genera desconfianza. El debate de fondo es si los aviones militares deben usarse solo para actos de Estado o si los presidentes pueden usarlos también para descansar con su familia cuando está fuera de la capital.