
España lleva más de un año con la inflación (subida de precios) más alta que el resto de países que usan el euro. En julio, nuestros precios subieron al 3,9% mientras que en Europa solo subieron al 2,9%. Esto significa que nuestros productos y servicios se vuelven más caros que los de otros países, lo que perjudica a las empresas españolas.
La inflación es cuando todo se pone más caro: la comida, la ropa, los servicios. El IPC (Índice de Precios al Consumo) mide cuánto suben esos precios cada mes. España usa el euro como moneda, igual que otros 19 países europeos. El problema es que desde hace más de un año, nuestros precios suben más rápido que los de Francia, Alemania, Italia o Portugal. Cuando tus precios suben más que los de la competencia, tus productos se vuelven caros para los extranjeros. Eso hace que vendan menos. Las empresas españolas pierden clientes. Por eso dicen que España pierde «competitividad»: es como si en una carrera, todos arrancan con el mismo motor, pero el tuyo calienta más.
Si los precios en España suben más que en otros países, nuestras empresas venden menos al extranjero y ganan menos dinero. Eso significa menos inversión, menos empleo y salarios más bajos en el futuro. Para el ciudadano normal significa que todo se pone más caro, pero además su empresa puede ir peor, o perder el empleo. Es un círculo peligroso que el Gobierno y las empresas deben resolver juntas.