
Las casas junto al mar se están poniendo caras muy deprisa. Los turistas alquilan viviendas vacacionales en lugar de hoteles, lo que hace que los propietarios prefieran alquilarlas a visitantes en lugar de venderlas a gente que vive allí. Resultado: hay menos casas disponibles y los precios suben tanto que la gente local no puede permitirse vivir en su propia costa.
En las zonas de playa y costa española, algo está cambiando. Hace unos años, la mayoría de casas se alquilaban o vendían a gente que quería vivir allí. Ahora, muchos propietarios descubrieron que ganar dinero alquilando la casa a turistas durante el verano es mucho más rentable que venderla o alquilarla a largo plazo a un vecino. Plataformas como Airbnb hicieron esto muy fácil. Como resultado, hay menos viviendas disponibles para la gente que trabaja en la costa y quiere vivir allí. Los precios se disparan. Una familia que quiere comprar una casa en la costa ahora tiene que gastar el 40% de todo lo que gana en un año solo para pagar la hipoteca. Hace poco era el 30%. Eso significa que muchas personas que nacieron en esos pueblos ya no pueden vivir allí.
En la práctica, esto significa que las personas jóvenes de pueblos costeros tienen que elegir: o se van a vivir lejos del mar donde es más barato, o se quedan pero gastan casi la mitad de su sueldo solo en pagar casa. Los comercios locales pierden clientes que se marchan. Los empleados de hoteles y restaurantes no encuentran vivienda cerca del trabajo. Los pueblos de costa corren el riesgo de quedarse sin población local y convertirse en ciudades solo de turismo y casas vacías en invierno.