
La Asamblea General de la ONU, que termina este sábado en Nueva York, se ha convertido en un lugar donde muchos países se atreven a criticar públicamente a Estados Unidos e Israel. Es una paradoja: la ONU es débil para hacer cumplir sus decisiones, pero poderosa como escenario donde pequeños países pueden alzar la voz contra los grandes.
La Asamblea General de la ONU (Organización de Naciones Unidas, que es el club de casi todos los países del mundo) se reúne una vez al año. Normalmente es un lugar donde los países grandes como Estados Unidos tienen mucha influencia. Pero en los últimos años, con Trump como presidente estadounidense y Netanyahu como primer ministro de Israel, muchos países han usado este encuentro para protestar contra sus políticas. Israel ha sido criticado especialmente por su actuación en Gaza. La paradoja es que la ONU no tiene poder real para obligar a nadie a nada, pero sí tiene el poder de darle una voz global a quien quiera hablar.
En la práctica, estas críticas en la ONU generan presión diplomática que afecta a relaciones comerciales, ayudas internacionales y la reputación de los países. Para un ciudadano normal, lo que importa es si estas palabras llevan a acciones reales: negociaciones de paz, fin de conflictos, o mejora de vidas. De momento, la ONU sigue siendo un escenario de debate sin capacidad de enforcement real.