
Estados Unidos está organizando el próximo Mundial de fútbol junto a México y Canadá, pero hay un lío: están deportando a árbitros y jugadores por motivos que parecen políticos, no deportivos. Trump, el expresidente que quiere volver al poder, está interfiriendo en decisiones sobre qué jugadores pueden entrar al país.
El Mundial de 2026 será la primera vez que tres países lo organicen juntos: Estados Unidos, México y Canadá. Estados Unidos es un país que controla quién entra y sale del territorio, especialmente tras la llegada de Trump al poder, que prometió restricciones migratorias muy duras. Lo que está pasando ahora es que jugadores y árbitros de otros países están siendo rechazados o deportados cuando llegan para el torneo. Esto mezcla deporte y política de una manera que nunca había pasado en un Mundial. El caso más famoso es el del árbitro Omar Artan, que fue deportado después de 11 horas de interrogatorio sin explicaciones claras.
Este Mundial va a ser diferente: no solo por el fútbol, sino porque la política está colándose en cada decisión. Los aficionados y los equipos tendrán que navegar reglas de entrada muy estrictas. Algunos árbitros y jugadores pueden no llegar al torneo. Para la gente normal, significa que veremos un Mundial tenso, con menos árbitros internacionales y jugadores que quizás deberían estar. El deporte y la política nunca deberían mezclarse tanto, pero aquí lo están haciendo.