
El rey de Marruecos ha criticado públicamente a políticos y medios españoles, advirtiendo que no aceptará amenazas ni chantajes en la relación entre los dos países. Esto ocurre meses después de la crisis de Ceuta, cuando decenas de miles de migrantes entraron desde Marruecos a España.
España y Marruecos son vecinos. Marruecos es un país independiente gobernado por un rey (Mohamed VI) que tiene mucho poder. España tiene ciudades como Ceuta y Melilla que quedan dentro de territorio marroquí. El verano pasado, Marruecos permitió (o no impidió) que 80.000 migrantes cruzaran a Ceuta en poco tiempo, lo que fue una crisis. Algunos políticos españoles del PP (un partido de derechas) culparon públicamente a Marruecos. Ahora el rey marroquí dice que eso es «irresponsable» y que cualquier cooperación entre países debe ser voluntaria, sin amenazas. Es importante porque sin cooperación de Marruecos, España tiene problemas graves con migrantes.
Lo que está en juego es práctico: sin cooperación de Marruecos, España no puede controlar la migración ilegal. Marruecos controla la mayor parte de la ruta hacia Ceuta y Melilla. El conflicto de palabras refleja un pulso real: si las relaciones se deterioran, aumentarán los cruces ilegales y España sufrirá más presión migratoria. Los ciudadanos normales lo notarán en seguridad fronteriza y en la capacidad del Estado para gestionar migrantes. Ambos países necesitan entenderse porque su geografía los obliga.