
Marruecos ha pasado de depender de agricultura y turismo a convertirse en un centro industrial importante en África. El gobierno ha invertido en puertos, carreteras y ha atraído fábricas extranjeras. Ahora es un punto clave para hacer negocio entre Europa y África.
Hace veinte años, Marruecos era un país agrario y pobre. El rey Mohammed VI (que lleva décadas gobernando) decidió cambiar de estrategia: construyó carreteras, puertos modernos e invitó a empresas extranjeras a instalarse. El puerto de Tánger Med, inaugurado en 2007, es ahora el más grande del Mediterráneo y de todo el continente africano. Esto atrae a fabricantes mundiales que quieren estar cerca de Europa pero con costes más bajos. Marruecos está en el Estrecho de Gibraltar, entre África y Europa, lo que lo hace geográficamente estratégico.
Para la gente corriente, esto significa que los productos que usamos cada día probablemente vendrán o pasarán por Marruecos en los próximos años. Los precios podrían bajar si la cadena de suministro es más eficiente. También hay oportunidades de empleo allí, aunque las condiciones laborales varían mucho. Para España y Portugal, Marruecos es ahora un competidor industrial más fuerte, lo que obliga a estos países a especializarse en sectores más avanzados.