
Hace diez años votaron para salir de la UE. Los que querían quedarse dijeron que sería un desastre. Ahora resulta que la City (el barrio de bancos y finanzas de Londres) va bien, pero el resto del país económicamente no tanto.
El Brexit fue un referéndum en 2016 donde los británicos votaron abandonar la Unión Europea (UE, la asociación de países europeos). Los que querían salir ganaron. Durante la campaña, expertos y políticos como David Cameron (primer ministro entonces) advirtieron de un desastre económico. Ahora, diez años después, la realidad es complicada: Londres y sus bancos (la City) van razonablemente bien, pero la economía general del Reino Unido sufre más. Otros factores también metieron la pata, como la pandemia de COVID y la crisis de la energía.
El Brexit afecta de manera desigual. Londres y sus finanzas logran adaptarse porque tienen dinero y conexiones globales. Pero en otras regiones, puestos de trabajo desaparecen y negocios pequeños luchan. La economía británica crece más lentamente que otros países europeos. Los que votaron por cambio esperaban mejorar; unos ganan, otros pierden.