
El primer ministro británico laborista Keir Starmer ha anunciado su dimisión después de solo dos años de gobierno. Con su salida, el Reino Unido tendrá su séptimo primer ministro en diez años, una inestabilidad sin precedentes. La economía seguía débil, el costo de la vida asfixiaba a los hogares y sus promesas de cambio no se materializaban.
Para entender esto tienes que saber qué es el Brexit: en 2016, los británicos votaron en referéndum si seguir siendo parte de la Unión Europea (el grupo de países que comparten normas y mercado único). Ganó el "no": se fueron de Europa. El primer ministro es quien dirige el gobierno del Reino Unido, como un presidente. Desde que perdieron la votación del Brexit, los gobiernos británicos no han podido solucionar nada: ni la economía, ni las peleas internas de sus propios partidos. Starmer es del Partido Laborista (la izquierda británica). Ganó las elecciones en 2024 con promesas de arreglarlo todo, pero los británicos lo votaron más por hartazgo de los conservadores que por entusiasmo real. Dos años después, la economía seguía débil, y encima pasaron cosas raras como el nombramiento de un embajador en Washington que tuvo que dejar el cargo por vínculos con un criminal sexual. En las elecciones locales de mayo de 2026 fue un desastre: el partido ultraderechista Reform UK de Nigel Farage (que fue el que impulsó el Brexit) ganó en muchos lugares.
En el décimo aniversario del Brexit (23 de junio), Keir Starmer anunciaba su dimisión: era el sexto primer ministro que dejaba el puesto antes de tiempo desde que el Reino Unido se fue de Europa. Lo concreto es que los británicos eligieron marcharse de Europa para supuestamente recuperar su control, pero diez años después no han solucionado nada: la economía va mal, no se han arreglado los problemas migratorios ni de identidad, y ahora en su país hay tanta inestabilidad que los gobiernos duran menos que un yogur. Las consecuencias del Brexit siguen condicionando todo: aunque Londres y Bruselas mejoraron el diálogo, persisten diferencias sobre inmigración y regulación, y el crecimiento económico del Reino Unido sigue rezagado.