
Dan Driscoll, el secretario del Ejército estadounidense, ha renunciado tras meses de conflictos con su jefe, Pete Hegseth. La renuncia ocurre en un momento tenso: Estados Unidos está en operaciones militares en Oriente Medio y el Pentágono pierde gente importante constantemente.
El Ejército estadounidense tiene una estructura de mando: los generales militares (jefes de guerra) y los secretarios civiles (políticos que supervisan). Dan Driscoll era secretario civil del Ejército, es decir, el jefe político en temas de gestión y recursos del Ejército. Pete Hegseth es secretario de Defensa, el cargo superior que controla todo el Pentágono (ministerio de Defensa de EEUU). Driscoll y Hegseth se llevaban mal desde hace meses. Ahora Driscoll se va. Lo importante: mientras EEUU combate en Irán y está pendiente de elecciones, su máquina militar pierde líderes experimentados. Hegseth ya echó a otros generales antes (Randy George en abril, Christopher Donahue en junio), así que hay un patrón: está limpiando la cúpula militar de gente que no le obedece.
En la práctica, esto significa que el Pentágono pierde experiencia justo cuando está en combate. Cuando los líderes se van, sus sucesores tardan meses en aprender el trabajo. Algunos puestos llevan vacíos desde agosto. Eso ralentiza decisiones: mantenimiento de armas, movimiento de tropas, coordinación militar. En Oriente Medio, eso se traduce en operaciones más lentas y menos eficientes. Para el ciudadano normal, significa que la capacidad de respuesta militar de EEUU está degradada mientras está en guerra.