
Leonardo, la empresa italiana de defensa, ha abierto la puerta a que Alemania se una al Programa Global de Aviones de Combate (GCAP), una iniciativa multinacional liderada por Italia, Japón y el Reino Unido para desarrollar un caza furtivo de sexta generación. Estas declaraciones llegan apenas semanas después de que Alemania se retirase del proyecto rival FCAS, desarrollado con Francia y España. La propuesta es atractiva pero complicada: Alemania aportaría dinero e industria, aunque Japón teme que ralentice todo.
El megaproyecto FCAS, liderado por Francia y Alemania con participación minoritaria de España, se hundió hace poco tras la ruptura definitiva anunciada por el canciller alemán Friedrich Merz. El FCAS proponía un ecosistema integrado compuesto por un caza tripulado, drones acompañantes, sensores avanzados, capacidades furtivas y una red digital para intercambio de datos, con un valor estimado superior a los 100.000 millones de euros. El GCAP nació de un acuerdo entre Reino Unido, Japón e Italia en 2022, derivado del programa británico Tempest iniciado en 2018. Ahora Leonardo ve una oportunidad: si Alemania abandona el sueño europeo y se une al GCAP, aportaría dinero y experiencia acumulada. Pero hay un problema: Japón ha presionado para acelerar el proyecto y no incluir más países que, a su juicio, retrasarían el avión de combate.
Se estima que el GCAP volará su primer prototipo en 2027, con un presupuesto que oscila entre 60.000 y 200.000 millones de euros. El objetivo es que el Tempest entre en servicio en 2035 para sustituir progresivamente a los Eurofighter Typhoon. Si Alemania se suma, habría más dinero pero también más retrasos en decisiones. Si Alemania se integra en GCAP, España se queda atrapada entre un FCAS herido de muerte y un plan alternativo que pierde a su socio más importante antes de consolidarse. El coste de no tener un caza europeo propio es enorme: fabricas cerrando, empleo perdido y dependencia total de aviones estadounidenses para proteger el cielo. Cada día que pasa sin decisión, Europa pierde capacidad industrial que costará décadas recuperar.