
Las fábricas y los sindicatos quieren que el gobierno vuelva a controlar el precio del gas, como hizo hace años, porque la electricidad se ha puesto cara otra vez. Las grandes compañías eléctricas no quieren que se haga porque ganan más dinero así.
En 2022, cuando la guerra en Ucrania disparó los precios del gas, España probó una medida especial llamada 'excepción ibérica': el gobierno controló el precio del gas que usan las centrales eléctricas para producir electricidad. Esto bajó los precios de la luz. Esa medida se acabó hace tiempo. Ahora, en 2026, los precios del gas han vuelto a subir mucho (más de 73 euros por megavatio hora). Cuando sube el gas, sube también el precio de la electricidad porque muchas centrales queman gas para hacer corriente. Los precios ya están por encima de 100 euros. Las fábricas (que gastan mucha luz) y los sindicatos (que representan a los trabajadores) dicen que hay que traer de vuelta ese control de precios. Pero las eléctricas grandes (Iberdrola, Endesa, etc.) dicen que no, porque así ellas cobran más dinero.
Si suben los precios de la electricidad, las fábricas producen menos y pueden cerrar plantas. Eso significa despidos. Las familias con sueldos normales también notan la subida en la factura de la luz. La pregunta real es: ¿controla el gobierno el gas como en 2022, o dejamos que cada empresa cobre lo que quiera? No hay una opción buena para todos: si hay tope, las eléctricas ganan menos pero la industria respira; si no lo hay, las empresas ganan más pero la gente paga más.