
Las autoridades de Hong Kong han condenado a los líderes de un grupo que durante 30 años organizaba vigilias para recordar a las víctimas de la represión en Tiananmen (1989). Los acusan de querer derrocar al gobierno chino. Importa porque muestra cómo China controla cada vez más lo que se puede decir en Hong Kong.
Hong Kong es una ciudad que hasta 1997 fue colonia británica y ahora pertenece a China, pero tenía más libertades que el resto del país. El 4 de junio de 1989, el ejército chino mató a cientos de personas en la plaza de Tiananmen (Pekín) cuando protestaban pidiendo más democracia. En China está prohibido hablar de esto públicamente. Durante 30 años, un grupo en Hong Kong organizaba vigilias cada 4 de junio para recordar a los muertos. Ahora el gobierno chino ha tomado más control sobre Hong Kong y ha condenado a los líderes de ese grupo, diciendo que querían derrocar al gobierno. Para la gente normal, significa que hablar de ciertos temas históricos se está convirtiendo en delito.
Lo que pasa en Hong Kong afecta a cualquiera que viaje, trabaje o tenga familia allí. La gente común no puede expresar opiniones sobre ciertos temas sin riesgo legal. Las empresas extranjeras que operan en Hong Kong también deben cuidar qué dicen sus empleados. A nivel global, muestra una tendencia: menos espacios donde se pueda hablar libremente de la historia y la política.