
El Gobierno ha decidido mantener funcionando la central nuclear de Almaraz en Cáceres hasta junio de 2030, dos años más de lo previsto. La razón es que con la guerra en Ucrania y los conflictos en Oriente Medio, la energía nuclear es más necesaria para evitar que suba mucho la factura de la luz. La Junta de Extremadura y las empresas que la gestionan llevan años pidiendo que no cierre porque genera muchos empleos en la zona.
Almaraz es una central nuclear (una fábrica que genera electricidad usando energía atómica) ubicada en la provincia de Cáceres, en Extremadura. Lleva funcionando desde 1981 y ha recibido varias prórrogas (ampliaciones de vida) a lo largo de los años. El Gobierno central (dirigido por el PSOE y Unidas Podemos) había acordado en 2019 cerrar todas las nucleares españolas antes de 2035 para reemplazarlas con energías limpias como la solar. Pero la Junta de Extremadura (gobernada por el PP) se ha opuesto frontalmente porque Almaraz da trabajo a miles de personas en una región sin mucha industria. Las tres empresas que la gestionan (Iberdrola, Endesa y Naturgy) también querían que siguiera funcionando. Ahora, con los conflictos internacionales provocando crisis energética global, el Gobierno ha cedido.
En la práctica, esto significa que los extremeños tendrán empleo en Almaraz seis años más, hasta 2030, momento en el que la central cerrará definitivamente. La factura de la luz se beneficiará en el corto plazo porque habrá más oferta de electricidad barata. Pero Extremadura pierde dinero en impuestos (millones cada año) que habría podido usar en educación, sanidad u otros servicios. El verdadero reto es qué pasará en 2030 cuando cierre: si no hay una alternativa industrial de verdad en Cáceres, la región volverá a perder empleos masivamente. Los próximos seis años son tiempo para que cualquier gobierno regional construya esa salida económica.