
El gobierno dejó de ayudar a bajar el precio de la gasolina a finales de junio. Ahora, en pleno verano cuando todos viajan, los precios están en su peor momento en dos décadas. Repostar cuesta mucho más caro justo cuando la gente lo necesita.
Durante meses, el gobierno había rebajado los impuestos sobre la gasolina y el diésel para aliviar el bolsillo de conductores y transportistas. Era una medida temporal para contrarrestar la subida de precios del petróleo en el mundo. A finales de junio decidieron quitar esa ayuda. Ahora estamos en agosto, la época en que más gente se va de vacaciones y hace viajes largos en coche. Sin la rebaja de impuestos, y con los precios internacionales altos, el precio final en las gasolineras ha subido casi un 20% en poco más de un mes. Es el aumento más fuerte que se recuerda para la temporada de verano.
Las familias que se van de vacaciones en coche este agosto verán facturas mucho más altas. Los transportistas y repartidores también cargarán con costes mayores. Esto puede afectar a precios de productos que se transportan por carretera. El debate real es si el gobierno debería mantener estas ayudas o si debe buscar otras soluciones, como mejorar el transporte público o cambiar cómo se fija el precio del combustible.