
Francia necesita encontrar 340.000 millones para pagar sus deudas en 2027, pero los inversores están pidiendo más dinero a cambio de prestarle. El problema es tan grave que hay menos gente dispuesta a comprar los bonos franceses, y algunas empresas francesas consiguen mejores condiciones que el propio Gobierno para endeudarse.
Francia es un país que, como cualquier Gobierno, pide dinero prestado vendiendo bonos (papeles que prometen devolver el dinero con intereses). El Estado francés tiene mucha deuda acumulada. Christine Lagarde dirige el BCE (Banco Central Europeo, que es como el banco que controla el euro y a todos los bancos de Europa). Hasta ahora, el BCE compraba bonos franceses para mantener los tipos bajos, pero ahora está dejando de hacerlo. Eso significa que Francia tiene que encontrar otros compradores. El problema es que los inversores, especialmente extranjeros (hay muchos japoneses invirtiendo en Francia), están empezando a desconfiar y piden más intereses. Además, algunos fondos de inversión grandes están vendiendo deuda francesa y comprando deuda de otros países.
En la práctica, esto significa que los impuestos, pensiones y servicios públicos en Francia van a ser más difíciles de mantener porque el Estado tendrá que gastar mucho más dinero solo en pagar intereses de su deuda. Si el Gobierno sube los tipos de interés que cobra, eso se traslada a la economía: los bancos cobran más en las hipotecas y los préstamos para empresas, los negocios invierten menos, se crean menos empleos. En tres o seis meses, los ciudadanos notan que todo cuesta más y hay menos trabajo.