
Francia tiene una deuda tan grande que supera el 120% de lo que produce en un año, el peor nivel en 30 años. Además, dos empresas que califican la salud financiera de los países acaban de bajar la nota a Francia. El Gobierno francés habla de posibles recortes en las pensiones para intentar arreglarlo.
Francia es el segundo país más grande de Europa. Todos los gobiernos tienen deuda: piden dinero prestado para pagar servicios como hospitales, escuelas o pensiones. El PIB es lo que produce un país en un año: cuanto más alto, más rica es. Cuando la deuda supera el 100% del PIB significa que debe más de lo que genera. Las agencias de calificación (como Scope Ratings o Morningstar DBRS) son empresas privadas que dan notas a los países según su solidez financiera, como si fuera un examen: si suspendes, nadie quiere prestarte dinero o te lo cobran más caro. Hace 30 años Francia no tenía una deuda tan alta. Ahora está en su peor momento. El Gobierno francés necesita encontrar dinero para pagar, así que empieza a hablar de reducir lo que paga a los jubilados.
Para un ciudadano francés normal, esto significa que próximamente habrá cambios en los impuestos, en las pensiones, o en los servicios públicos. Un país con tanta deuda no puede seguir igual: algo va a cambiar, y afectará a los bolsillos de la gente. Si Francia pierde más puntuación crediticia, sus préstamos se encarecen, lo que a largo plazo afecta a empresas y a empleos.