
Los países ricos del norte de Europa quieren gastar menos dinero en los próximos presupuestos comunitarios, mientras que los del sur como España e Italia piden más inversión. Es el mismo enfrentamiento que hubo en la crisis del 2008, y ahora está frenando los acuerdos sobre cómo repartir el dinero de toda la UE.
La Unión Europea (UE) es el grupo de 27 países europeos que comparten mercado y reglas comunes. Cada siete años deciden cuánto dinero gasta en total y en qué lo invierte. Ahora toca decidir el presupuesto para 2028-2034. El problema es que los países del norte —como Alemania, Dinamarca o Países Bajos— históricamente son más ricos y quieren ahorrar dinero. Los del sur —como España, Italia o Portugal— quieren invertir más en agricultura, defensa y ayudas a regiones pobres. Este choque entre norte y sur recuerda a lo que pasó en 2008, cuando la crisis económica mundial golpeó más fuerte al sur y el norte los culpó de gastar demasiado. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, ha rechazado la última propuesta porque recorta demasiado. Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, debe presentar una nueva propuesta antes de fin de año.
Las consecuencias de este enfrentamiento afectan directamente al bolsillo de la gente. Si ganan los que quieren recortes, habrá menos dinero para infraestructuras, agricultura y ayudas regionales —lo notarán especialmente en pueblos y regiones pobres—. Si ganan los que piden más gasto, probablemente subirán los impuestos europeos o la deuda común. El tiempo apremia: tienen que cerrar un acuerdo antes de fin de año, pero cuanto más tarden, menos margen tendrá el Parlamento Europeo para revisar los detalles. Lo importante es que este tipo de divisiones norte-sur debilitan la UE cuando más fuerte necesita ser frente a competidores como China o Rusia.