
Los precios de las casas en Europa subieron un 60% en diez años y ahora muchas ciudades aplican medidas para frenar la crisis. Viena apuesta por vivienda pública, Londres eliminó desalojos sin motivo, y Berlín debate la expropiación a grandes fondos de inversión.
Hace años que en toda Europa las viviendas se vuelven cada vez más caras. El Gobierno español (que es el del partido PSOE, de centro-izquierda) intenta sacar medidas esta semana para calmar las protestas. Mientras, ciudades como Madrid y Barcelona dedican tres cuartas partes del sueldo de sus habitantes al alquiler. Otros países europeos ya han probado soluciones: algunos crean más casas públicas, otros prohíben que los dueños echen a los inquilinos sin motivo, y algunos hasta discuten expropiar casas a grandes fondos de inversión que las compran solo para ganar dinero.
En la práctica, lo que está claro es que el problema es real: millones de europeos gastan demasiado en vivienda y no pueden pagar. Las soluciones que funcionan tardan años en dar resultado (Viena lleva más de cien años construyendo vivienda pública). Cualquier medida que salga en España afectará a propietarios, inquilinos e inversores: algunos pagarán más impuestos, otros tendrán menos libertad para subir alquileres, y algunos no podrán sacar rentabilidad de sus inmuebles. No hay receta mágica que contenga a todos.