
Hace poco, miles de migrantes entraron en Ceuta (una ciudad española en el norte de África) en pocos días. Los comercios cerraron por miedo, se cancelaron viajes de turistas, y ahora los empresarios dicen que han perdido más del 70% de ingresos. El problema es que Ceuta ya estaba débil económicamente, y esto puede acabar de hundirla.
Ceuta es una ciudad pequeña que pertenece a España pero está pegada a Marruecos, en el norte de África. Vive principalmente del comercio y el turismo. Hace años perdió mucho dinero porque Marruecos cerró una forma de comercio que antes toleraba, y luego vino la pandemia que cerró la frontera durante dos años. Ahora, el 44% de la riqueza de Ceuta viene del sector público (hospitales, escuelas, administración), no de empresas privadas. El desempleo es del 22%, casi el doble que en el resto de España. A finales de julio, miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta en pocos días. Aunque la crisis fue corta, el daño económico es enorme: los negocios cerraron por seguridad, los turistas cancelaron reservas, y la Feria anual se suspendió.
Para la gente que vive en Ceuta, esto significa que si las cosas no cambian pronto, puede haber más cierres de negocios y más desempleo. Los viajeros dejarán de viajar si perciben la ciudad como insegura. Las familias que dependen del comercio perderán ingresos. La realidad es que Ceuta tiene un problema estructural: depende mucho de Marruecos (frontera, comercio) y de decisiones políticas que toma Madrid, pero tiene poco control sobre ambas. Sin cambios serios en la economía local y acuerdos con Marruecos, estas crisis seguirán golpeando fuerte.