
Las grandes compañías eléctricas (Endesa, Iberdrola, Repsol) empiezan a ofrecer contratos donde el precio de la luz no cambia durante 3, 5 o incluso 10 años. Lo hacen porque la gente quiere dejar de sufrir los cambios constantes de precio y tener un gasto predecible cada mes.
Desde 2022, cuando hubo una crisis de energía en Europa, el precio de la luz no ha parado de fluctuar: sube y baja según lo que pase en el mundo (guerras, cierres de puertos, cambios en el gas). La mayoría de españoles (3 de cada 4) están en el mercado libre, que significa que no tienen un precio fijo sino que pagan según el precio del mercado cada día. Las empresas que venden la luz (llamadas comercializadoras) se han dado cuenta de que los clientes están cansados de esta montaña rusa de precios. Por eso ahora ofrecen contratos a largo plazo donde prometen que la factura será siempre la misma durante años.
En la práctica, estas tarifas fijas permiten a las familias predecir cuánto van a pagar en luz cada mes durante años. Esto facilita hacer presupuestos y no tener sorpresas desagradables en la factura. Sin embargo, es importante saber que el precio fijo solo afecta al consumo, no a otros gastos como impuestos o mantenimiento de la red. Además, el Gobierno podría rebajar el IVA de la electricidad desde noviembre, lo que podría hacer que estas tarifas fijas sean más o menos ventajosas según el caso.