
Estados Unidos ha sacado todos sus aviones de combate de una base aérea que usa en Inglaterra después de que se descubriera un supuesto plan para atacarla. Las autoridades británicas creen que Irán está detrás del intento. Es un movimiento defensivo mientras Trump decide si sigue atacando Irán.
Estados Unidos tiene una base aérea militar en Fairford, Inglaterra, que usa desde hace décadas para bombardear objetivos en Oriente Medio, especialmente Irán. A finales de septiembre pasado hubo un incidente de seguridad en esa base: aparentemente alguien intentó o planeó un atentado contra las instalaciones. Las autoridades británicas detuvieron a un ciudadano con pasaporte británico e iraní como sospechoso. Irán niega estar implicado, pero ya había advertido antes que consideraría objetivo legítimo cualquier base que atacara su territorio. Ahora, después de este susto, EEUU ha decidido sacar todos sus bombarderos B-52 y B-1 de esa base y devolverlos a Estados Unidos. Todo esto ocurre mientras el presidente Trump reflexiona sobre si continuar la guerra contra Irán o buscar una solución.
En la práctica, esto significa que los bombarderos estadounidenses que atacaban desde Reino Unido ahora partirán desde otros lugares más lejanos, lo que hace las misiones más complicadas y lentas. También muestra que Irán y sus supuestos aliados pueden impactar las operaciones militares occidentales sin un ataque directo: con amenazas o intentos. Para los ciudadanos británicos de Fairford, la base será menos activa, lo que reduce tanto el riesgo de un ataque como el ruido de los aviones. La pregunta real es si Trump seguirá atacando Irán con otros medios o si esto es un paso hacia la paz.