
Lo que empezó como represalias puntuales entre EEUU e Irán se convirtió en una guerra total. Estados Unidos ampliaba sus objetivos desde instalaciones militares costeras hasta carreteras, túneles, infraestructura portuaria. Todo esto pasó porque el alto el fuego entre ambos países se rompió a principios de julio, y ahora se bombardean mutuamente cada noche.
EEUU había negociado con Irán mientras reforzaba su presencia militar en Oriente Medio, pero a finales de junio todo cambió. Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes el 22 de junio, el primer ataque directo desde 1980. El presidente Trump anunció el 8 de julio el fin del alto el fuego después de que se reanudaran enfrentamientos en la región. El problema: Trump amenazó con ampliar la guerra a menos que Irán dejara de atacar barcos en el estrecho de Ormuz (una ruta comercial clave por donde pasa petróleo). Irán es un país de Oriente Medio enemigo de EEUU desde hace décadas. El estrecho de Ormuz controla el comercio mundial de energía. Cuando la guerra se intensifica, los barcos evitan pasar por allí, y eso afecta a la economía global.
Antes de la guerra, 110 barcos cruzaban el estrecho de Ormuz cada día; ahora son solo 7 o 13. Eso significa que el petróleo cuesta más caro, la electricidad sube, los precios en las tiendas suben. La gente normal pagará la guerra en su factura de luz y en el supermercado. Ha habido 18 muertos militares estadounidenses, así que la guerra es real y tiene consecuencias. Nadie sabe cuándo para, y eso asusta a los mercados mundiales.