
Las conversaciones previstas entre EEUU e Irán este viernes en Suiza han sido canceladas abruptamente. La Casa Blanca ha informado que el vicepresidente JD Vance no ha salido de viaje al encuentro, justificando la demora en problemas logísticos. Sin embargo, fuentes cercanas a Teherán señalaron que la República Islámica decidió retrasar el envío de su delegación a Suiza en protesta por la ofensiva israelí contra Líbano que acaba de ocurrir.
Hace apenas dos días, el presidente estadounidense Donald Trump (el jefe del Gobierno de EEUU) y el presidente de Irán (el máximo gobernante de esa nación persa) firmaron un acuerdo de paz después de meses de guerra. El memorando no constituye un tratado definitivo, sino una hoja de ruta para negociar un acuerdo de paz integral en un plazo de 60 días. Para que el acuerdo funcione, ambos países necesitaban reunirse en Suiza y ponerse de acuerdo en los detalles técnicos. El Ejército israelí justificó la operación como respuesta a las reiteradas violaciones del alto el fuego por parte de la milicia chií, respaldada por Irán. Hezbolá es una organización armada de Líbano que está aliada con Irán. Cuando Israel atacó a Hezbolá, Irán se enojó y decidió no ir a la reunión de paz.
La suspensión del encuentro deja en el aire el proceso de paz impulsado por Washington y Teherán y aumenta la incertidumbre sobre la estabilidad regional. Para la gente normal, esto significa que los precios del petróleo pueden subir (Irán es un productor importante), la guerra en Líbano continuará afectando a civiles y familias enteras seguirán desplazadas. Los negociadores de paz tienen 60 días para llegar a un acuerdo definitivo: si se gastan en esperas y desconfianzas, ese plazo se agota y volvemos a la guerra abierta.