
España ha crecido mucho estos años: más empleo, más dinero en las arcas del Estado, menos paro. Pero las familias apenas notan la mejora porque la vivienda se ha puesto carísima (36% más cara) y los alquileres han subido un 23%. El dinero extra que ganan se lo come el alquiler o la hipoteca.
Durante esta legislatura (el periodo en el que gobierna el Gobierno actual), España ha tenido buenos números: el PIB (el total de lo que produce el país) creció al 2,6% el año pasado, hay casi 22 millones de personas con trabajo y el paro está en el 9,87%, el más bajo desde 2008. Pero hay un problema: mientras la economía iba bien, los precios de las casas se dispararon. Una vivienda cuesta un 36% más que hace dos años, y los alquileres subieron un 23%. Esto significa que muchas familias, aunque ganen más dinero, lo gastan todo en pagar la casa. Los jóvenes lo tienen aún peor: solo el 36,7% de los menores de 35 años tiene una vivienda en propiedad, mientras que en 2011 el 82,5% de todos los españoles tenía casa propia. La comida también está cara por la inflación (aumento de precios) que vino con la pandemia de Covid.
Para la vida de todos los días, esto significa que aunque haya trabajo y la economía vaya bien, muchas familias siguen con presupuestos ajustados. Un joven que busca piso tiene menos opciones que nunca. Una familia que alquila gasta 379 euros más al mes que si pagara hipoteca (si pudiera). Incluso los que tienen trabajo y sueldos decentes ven que el dinero se va entero en vivienda y comida. El crecimiento económico no se nota en el bolsillo de la mayoría.