
Un directivo de Tubos Reunidos ha presentado su dimisión mientras está imputado en una investigación por corrupción en un rescate de la SEPI de 112,8 millones de euros. Se investiga si el rescate formó parte de una trama de corrupción integrada por el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, la exmilitante socialista Leire Díez y el expresidente de la SEPI Vicente Fernández Guerrero. Es noticia porque demuestra que el dinero público puede haberse utilizado para pagar comisiones ilegales.
En julio de 2021, el Gobierno inyectó 112,8 millones de euros públicos en Tubos Reunidos como un salvavidas estratégico para proteger más de 8.400 empleos en el País Vasco. Sin embargo, un registro de la Guardia Civil en la sede de Tubos Reunidos y en las oficinas de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, la entidad pública que gestiona inversiones en empresas) ha echado por tierra el relato oficial. Se sospecha que la empresa pagó 5.000 euros al mes durante casi dos años como "agradecimiento" por obtener el rescate, dinero disfrazado en un acuerdo de asesoría. Los investigadores consideran que estos pagos fueron realizados a una trama llamada Hirurok integrada por el expresidente de la SEPI, el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán y la exmilitante socialista Leire Díez.
Tubos Reunidos está en concurso voluntario de acreedores desde mayo de 2026 con una deuda que supera los 263 millones de euros. Para la gente normal, esto significa: empleados sin perspectiva de recuperación, pensiones en peligro si la empresa no encuentra un comprador solvente, y una inversión pública que no solo fracasó económicamente sino que podría haber financiado corrupción. La investigación judicial dirá si hubo delito, pero la consecuencia inmediata es clara: una empresa vasca estratégica desaparece y dinero público se pierde.