
El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votó por salir de la Unión Europea. La economía sufrió un impacto del 6% en su PIB: la mitad por incertidumbre tras el voto, y el resto por nuevas barreras comerciales al salir definitivamente en 2021. Han pasado seis primeros ministros por el Parlamento británico desde entonces, y este lunes el séptimo, Keir Starmer, dimitió.
La UE (Unión Europea) es el club político y comercial de 27 países europeos que comparten reglas comunes. El Reino Unido estuvo dentro desde 1973. En 2016, el premier David Cameron convocó un referéndum (votación) para preguntar si los británicos querían salirse. La sorpresa fue que el 51,9% dijo que sí. El Brexit nació del descontento tras la crisis de 2008, y sus partidarios prometieron que Reino Unido se revitalizaría solo. La salida se completó en 2020. Ahora, diez años después, vemos los resultados reales en la economía y en el poder político.
La economía británica es entre un 4% y un 8% más pequeña de lo que habría sido dentro de la UE, lo que significa salarios más bajos, servicios públicos peor financiados y menos inversión en hospitales, escuelas y carreteras. La UE sigue siendo el principal socio comercial del Reino Unido (41% de exportaciones), pero ahora hay más trámites aduanales y la Oficina de Presupuestos estima que exportaciones e importaciones serán un 15% menores a largo plazo. Para el ciudadano de a pie: comprar cosas de Europa es más caro, trabajar allá es más difícil, y el dinero público para lo que usa cada día (sanidad, transporte) es menor.