
Hace diez años los británicos votaron salir de la Unión Europea. Ahora están más pobres, han tenido seis primeros ministros en una década, y muchos se arrepienten. Las empresas se han adaptado, pero el país sigue en caos.
En 2016, los británicos votaron en un referéndum (una votación especial) si querían que su país siguiera en la UE (la Unión Europea, un grupo de países europeos unidos económicamente). El 51,9% dijo que sí querían irse. La salida oficial fue en enero de 2020. La UE es como un club: tus empresas pueden vender sin problemas a otros miembros, tus estudiantes pueden estudiar en otros países fácil, y hay menos trámites. Cuando el Reino Unido se fue, todo eso desapareció. Ahora, diez años después, el país está más endeudado, ha tenido cambio de primer ministro cada poco tiempo (ha habido 7 en esta década), y uno de cada cuatro que votó a favor del Brexit dice que se equivocó.
A nivel práctico, el Brexit ha hecho la vida más complicada: las empresas que venden a Europa gastan dinero en papeles y controles, los estudiantes tienen más dificultades para estudiar fuera, y los salarios no han subido como deberían. Aunque algunas empresas se han adaptado, el costo ha sido alto en empleos y en calidad de vida. Los problemas políticos del Reino Unido (cambio constante de gobierno) reflejan que muchos británicos están decepcionados con cómo resultó todo.