
Colombia cambia de presidente este viernes. Sale Gustavo Petro, un izquierdista que dejó casos de corrupción sin resolver. Llega Abelardo de la Espriella, de extrema derecha, prometiendo acabar con los robos en el Estado. El problema: la corrupción en Colombia es tan antigua y está tan metida en todas partes que expertos advierten que un nuevo gobierno no la arreglará solo.
Colombia ha tenido su primer presidente de izquierdas, Gustavo Petro, durante estos cuatro años. La izquierda es la parte política que defiende menos diferencias de dinero entre ricos y pobres, más protección social. Petro hizo algunas cosas buenas: subió el salario mínimo y cambió el sistema de pensiones. Pero en su gobierno pasó algo grave: funcionarios robaron dinero destinado a ayudar a gente damnificada por desastres naturales. Usaron ese dinero para comprar votos de políticos en el Congreso. Ahora llega Abelardo de la Espriella, que es de extrema derecha: cree en menos protección del Estado y más libertad para los ricos. Ganó las elecciones con una promesa: acabar con la corrupción. Pero los expertos dicen que el problema es más profundo: la corrupción lleva décadas en Colombia, está en todas las instituciones, y cambiar de presidente no lo arregla.
Lo que importa ahora es si De la Espriella conseguirá cambios reales. Los expertos son escépticos: dicen que el problema no es falta de operativos anticorrupción, sino que el Congreso está tan fragmentado en veinte partidos diferentes que cada uno vota su voto al mejor precio. Mientras eso no cambie, habrá corrupción aunque haya mil fiscales. Para la gente normal, esto significa: si funciona, verá menos dinero público robado y más fondos para carreteras, hospitales y educación. Si no funciona, seguirá igual pero con promesas nuevas.