
China está invirtiendo miles de millones en puertos y fábricas alrededor del Estrecho de Gibraltar. Controla ya terminales en Valencia y Bilbao, y está construyendo gigantescas fábricas de baterías en Marruecos. España pierde poder económico en una zona que fue suya durante siglos.
El Estrecho de Gibraltar es la puerta de entrada de Europa desde Asia. Hace treinta años, el puerto español de Algeciras dominaba todo el comercio de la zona. Pero Marruecos ha construido el puerto de Tánger Med, que ahora mueve el doble de barcos que Algeciras. Ahora entra un tercer jugador: China. El país asiático está comprando infraestructuras portuarias en España (a través de su empresa estatal Cosco), construyendo fábricas gigantes de baterías para coches eléctricos en Marruecos, y vendiendo armas a Marruecos. Todo esto sin que España tenga un plan claro para defenderse. La inquietud española es mayor porque China puede usar estas infraestructuras civiles para fines militares, según advierten los analistas de defensa.
En la práctica, esto significa que los productos que entran en Europa por el Mediterráneo cada vez pasan más por puertos controlados por China. Los coches eléctricos europeos competirán contra baterías más baratas hechas en Marruecos. Si hay una crisis internacional, China podría teóricamente usar sus infraestructuras aquí como base de apoyo. Lo inmediato: menos empleos en puertos españoles, más competencia en la industria del automóvil, y menos ingresos para España de un comercio que fue suyo históricamente. España necesita decidir si quiere recuperar control sobre infraestructuras clave o si acepta ser una pieza más en la estrategia económica global de China.