
Las pruebas PISA (exámenes internacionales que miden el nivel de estudiantes) en Cataluña salieron mal porque el organismo que las gestiona estaba desorganizado y sin liderazgo claro. Los resultados no servirán, aunque sí se usarán para la nota media de España.
PISA son pruebas que hace la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, un organismo internacional que evalúa educación) cada tres años para saber cómo van los estudiantes en lectura, matemáticas y ciencias. En Cataluña, una región de España con gobierno propio, el Consejo Superior de Evaluación es quien organiza estas pruebas. Hace poco, Cataluña cambió este sistema por una nueva Agencia de Evaluación. El problema es que justo cuando se hacían las pruebas PISA (marzo a mayo de 2025), había un "vacío de poder": nadie estaba realmente al mando porque la transición entre el Consejo viejo y la Agencia nueva fue desordenada. Como resultado, los exámenes se hicieron mal.
Lo que pasó tiene consecuencias reales: los resultados de Cataluña en PISA no se pueden usar para comparar cómo están sus estudiantes con otros países o regiones. Esto dificulta saber si la educación en Cataluña mejora o empeora. A nivel práctico, estudiantes y profesores catalanes no tendrán un diagnóstico fiable de su nivel. Para la próxima vez, hay que garantizar que quien gestione las pruebas tenga poder decisión claro y recursos suficientes, sin importar cambios políticos o administrativos.