
Los autónomos que tienen trabajadores a su cargo están cerrando sus negocios a un ritmo nunca visto. En tres meses perdieron 42.500 empleados porque les sale demasiado caro mantenerlos. Es la peor crisis para este grupo en diez años.
Un autónomo es alguien que trabaja por su cuenta, normalmente en una tienda, taller o servicio. Algunos autónomos contratan a otros trabajadores para que les ayuden. El gobierno les cobra impuestos y cotizaciones sociales (dinero para las pensiones y sanidad de esos empleados). Desde hace meses, estos costes han subido mucho: pagan más a Hacienda, más en cotizaciones sociales, más en alquileres y en materias primas. Resultado: muchos autónomos no pueden pagar a sus empleados y prefieren cerrar el negocio. Según los datos, hay ahora solo 933.100 autónomos con empleados, el número más bajo en diez años.
Lo que está pasando afecta directamente a la gente que busca trabajo. Si cierran estos negocios pequeños, hay menos empleos disponibles. También significa menos impuestos para el estado, que luego tiene que recortar servicios públicos. Para muchos pueblos y barrios, estos autónomos son la principal fuente de trabajo. Sin soluciones reales, este número seguirá bajando.