
El Reino Unido se salió de la Unión Europea hace diez años por promesas de mejorar económicamente. Pero ahora todos los estudios dicen lo contrario: el país está peor que antes. La salida resultó ser un desastre financiero.
En 2016, los británicos votaron abandonar la Unión Europea (UE, la asociación de países europeos que comparten normas y comercio). Lo hicieron principalmente porque creían que así controlarían mejor su economía y sus fronteras. Los políticos que ganaron ese referéndum prometieron que sería bueno para el bolsillo de la gente. Pero pasados diez años, economistas e investigadores analizan qué pasó realmente con el dinero y el trabajo en Reino Unido.
Lo que esto significa en la práctica es que si eres británico, tu sueldo probablemente no sube tanto como en otros países europeos, hay menos oportunidades de trabajo en algunas industrias, y ciertas cosas cuestan más dinero. Las empresas grandes trasladaron parte de su negocio a Europa. Para otros países europeos, es una lección sobre el costo real de romper acuerdos comerciales importantes, aunque sea por razones políticas.